Con el tiempo a cuestas he aprendido a abrazar la soledad, en un principio impuesta, en un principio dolorosa. Pero quien iba creer que es de lo más necesaria para medir la fortaleza de mi voluntad. He crecido, y todo amor aquel que pretendí sobre jóvenes mujeres que no me correspondieron, se volvió hacia mí y mi corazón sincero. Esto último con un solo pero ¿Tan superfluo es el amor de hoy? Que yo descarnado y dispuesto, estaba perdiéndome en prístinas ideas del sentir humano, tratando de salvar a personas quebradas desde la raíz… Y nunca vi en todo ese amor hacia ellas, el perfecto amor que yo me tenía hacia mí. Qué triste pensar, que no querían sentir conmigo, pero más triste es, saber que ni siquiera sabían amarse asimismas.
Guillermo V.