No
sé cómo sentirme al respecto, enraizada mi feroz idea de sentirme en los brazos
sagrados de ella. La bella escultura prudente y timorata de la única persona
que ha logrado quebrajar lo más sensible de todo lo que soy... El silencio se
mezcla con el fuego llameante entre mi garganta, deseosa de expresarle, todos
mis sentimientos. Porque ahí está, entre mis sentires más impolutos, como si
quisiera recorrer catedrales y caminos empedrados, con hermosos vitrales multicolores
-hablo- -precisamente- de sus lindos ojos... Un deseo inalterable por el
transcurso del tiempo, donde todos los caminos recorridos y por recorrer,
apuntan a la personificación eterna del amor. Una persona enviada por los
ángeles, o un equivalente igual de digno a entender por tal. Si bien, es una
profunda y real mezcla de emociones constantes, lo que me lleva a la inequívoca
respuesta, siempre, siempre es a ella. Espero morir, creyendo en la idea de que
cada gota de amor que guardé hacia ella, valió sin cálculo en lo que respecta
una humilde vida humana, que, para los astros, seguro no es nada más que la
mínima parte de sus infinitas vidas, pero para mí, vivir con amor... Es vivir
sabiendo que nunca morirás... Y a ti, a ti te amo.
Guillermo
V.