Los encuentros silenciosos sacados del amar, del vivir, del sentir, se hacen valer en sí mismos por tales. El corazón bombea sangre, pero las emociones las bombea el alma. Queriendo beber los palpitares, el sentido de fragilidad se torna fortaleza y la única verdad construida es la que logras por la felicidad. Tocar el alma a través de los cuerpos maleables de los amantes sinceros, de las manos curiosas y los ojos buenos, llenos de brillo, diciendo, estoy vivo. Nada más importa que el amor, lo demás se da por añadidura.
Guillermo V.