Podría asumir de lleno el desencanto de mi alma por el recorrido
inconsciente de las rutinas humanas. No me percibo, ni me perciben, es claro,
solo soy uno más entre tantos seres embriagados en sí mismos. Cómo culparlos si
actúo igual en la misma frecuencia decadente, pero supongo, que no todo está
perdido. Sigo deseoso de perseverar con mi corazón triunfante, a encontrar un
amor inspirador, que se colme en mi paciencia y en mis caricias constantes.
Dudo que la clave se consiga buscando, si al más mínimo intento no pretenden,
los corazones errantes; comunicarse. Me dejo para mí, el abrazar el destino, la
misión de entregar, todo mi amor oculto a alguien que no tenga miedo sentir
tanto como yo, que, por cierto, es lo único que me mantiene viviendo en el letargo
de esta vida impuesta.
Guillermo V.
Efectivamente, para sentir hay que ser valiente y hay que quererse muchísimo para sentir asertivamente. La vida entera puede bastar para eso.
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