El
amor es una palabra única, es algo por el cual la humanidad ha hecho grandes
cuestionamientos de su naturaleza, pero yo, en lo que a mí respecta, se trata
de un sinfín de bellos y magníficos momentos con otros seres humanos, con
errores y grandes virtudes.
Con
mi familia, por ejemplo. Con mis amigos, por ejemplo. Con mis parejas, por
ejemplo.
El
mundo es cruel con el amor y su ternura, haciendo que pase desapercibido en su
dulzura, atendiéndose y acotándose a lo racional, y es, justamente, lo
racional, lo que se apoderó del individuo.
Yo
sigo amando, pero cuesta mucho perseverar en una lucha en la que la dictadura
de lo racional, se apropió de nuestra intimidad. Haciendo de lo irracional,
algo burdo, irrisorio e incluso, institucionalizando los sentires más complejos
de la humanidad y su conjunto.
Vuelvo
al amor… Lo conozco desde que tengo memoria; con palabras y actos propios de
tal pérdida, porque eso es, perder sabiendo que haces algo bello en atención al
otro, haciendo caer la fe irrestricta de lo que nos condenan a entender por
racional.
Así
es, soy un enamorado del amor, en los tiempos caóticos y vacíos de la fe
inapelable de la realidad mercantilizada, donde todos quieren sentir la dulzura
del amor, pero todos tienen miedo a amar.
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