Eventualmente caí entre tus brazos, pero primero caí en tu mirada,
en mis deseos sinceros de besarte. Sentir mi corazón encendido, vivo y
encarnado en emociones fluidas. Mis manos tibias deseando descubrir tu piel con
mis movimientos erráticos, solo explorando tu bello paisaje. Besar tus
comisuras, sentir mi carne en contacto con el aire de tu bosque, perderme en
ti, iniciando en intimidad, nuestras furtivas caricias. Tocar tu pelo cada
instante, entrelazar tus manos con las mías, besar suavemente tu cuello, perderme
en tu blanca tez y en el sentido de tiempo y espacio. El deleite de tu
elegancia hizo de mis labios ensimismarse sobre los tuyos, la pasión
incontenida, de moldear mi cuerpo con el tuyo, qué finalmente se transforma en
vernos, sintiendo, aunque sea un instante, como seres humanos. Y esto último,
hace que todo valga la pena.
Guillermo V.
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