Quién podría negar la capacidad innata de los seres humanos por
convertir nuestros deseos en un espejo del pretendido ser, si no es ser sino
beber, beber las lágrimas, reír las caídas y descubrir los miedos para hacernos
más fuertes. Moldear la vida y que ella nos modele de igual modo, muchos
prefieren lo segundo, no hay culpa, es mucho más cómodo, pero ser y vivir lo
primero es lo más difícil y más exquisito que cualquier otra pretensión. En lo
que a mí respecta, nada importa, nada más que el amor ¿Qué amor? No importa
cual, eso no le concierne ni al más sabio ni al más insensato, al igual que la
muerte, nos llega a todos, para sentirnos, aunque sea unos segundos jodidamente
vivos. Hay quiénes encuentran amor en la bohemia, hay otros que le hallan en lo
material y las artes, yo, sin embargo, me enamoro de las esencias o del
prejuicio a través de los ojos, el encanto invisible, las acciones
incomprensibles y las sonrisas espontáneas. Soy a través del amor y las
anécdotas, las amistades y los malos ratos. Todo es amor y risas, de otro modo,
ya no estaría entre ustedes pobres diablos -por qué- porque igual amo la
incertidumbre de vivir, pero más amo todavía, la vibración de las palabras en
los corazones ajenos.
Guillermo V.
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