El faro y las estrellas, iluminando mi camino, el faro aquí en la
Tierra y las estrellas en el divino. Así es, la libreta de poemas sin
dedicatoria aumenta, el corazón aguanta la dureza de las cáscaras andantes,
semovientes, y distantes... A veces me siento anacrónico, mientras la velocidad
del ser me supera, yo acarreo los sentires a paso mesurado, ni lento, ni
rápido; cauto. Encuentro cobijo en el deseo, en la expectativa, en el pretender
y querer, no en los humanos sino en las almas que caprichosamente deseo
devorar, conocer y corromper, quitar su velo indiferente y desnudarlos frente a
el espejo, para decir que somos iguales. Intensamente febril, frágiles y
erróneos... De otra manera no pretendería desearles entre mi piel y sus ojos.
Guillermo V.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.