Qué grato, sinceramente, qué grato soñarte, de ver tu rostro y pensar, que tus manos tibias recorren el contorno de mi cara, mis rasgos se deleitan a tan sensible silueta, despertando en mis pasiones, la gracia eterna de tus labios agitándose con los míos. Qué intenso coraje, sentir tus venas exaltadas, enraizadas a las mías, sentir el bosque de tu aliento agitado en mi cuerpo, un viento húmedo y acogedor, en la timidez del cuarto, pero que sin recato me hace querer más y más de tus caricias, la expectativa insana, el deseo furtivo, qué cada vez que lo pienso, se vuelve más y más abusivo. Quiero tenerte, quiero elevar mis impávidas células a tu carne, a desprenderme en alma sobre ti y esconderme luego, de tales sensaciones, para darme cuenta de ello, que todo había sido un perfecto sueño sobre el brillo ingenuo de tus bellos ojos.
Guillermo V.
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